Moderar el discurso ¡es la mejor apuesta!

A pesar de la enorme emoción por el momento actual –con el eminente lanzamiento de la Carta Internacional de los Datos Abiertos, la consolidación de la comunidad de AbreLatam y ConDatos en América Latina, la cumbre de OGP en México, la fuerte conexión entre las nuevas Metas de Desarrollo Sostenible y el movimiento Revolución de los Datos, etc.– yo he mantenido en los últimos meses una cierta preocupación con lo que considero un exceso de optimismo e idealismo en el discurso sobre el potencial de datos abiertos y tecnologías cívicas.

Muchos documentos y discursos han afirmado que los datos abiertos, el gobierno abierto y las tecnologías cívicas son capaces de hechos que parecerían casi mágicos, dada la complejidad de los temas que abordan y la realidad que nos rodea. No es infrecuente leer las palabras “revolución”, y los casos de éxitos anecdóticos son mostrados como ya produciendo impacto, afirmación que es cuestionada en la mayoría de las investigaciones hechas sobre este  campo de actuación.

Constantemente recuerdo este famoso dibujo –que muestra que entre 2 pasos, en este caso entre datos abiertos y el impacto, un “milagro ocurre”–.

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Yo pienso sinceramente que tenemos que ser mucho más explícitos en cómo los datos abiertos y las tecnologías cívicas pueden realmente producir impacto.

Temo que al mantener esta línea de comunicación, eventualmente recibamos pedidos de información para ver resultados reales, que no van a tener respaldo. Esto puede llevar a que este campo caiga en descrédito, y así posponer la realización de su potencial.

En mi visión, la tecnología cívica y los datos abiertos, como una herramienta para fomentar cambio sociales complejos, son generalmente insuficientes por sí solos. Sin embargo, combinados con acciones y alianzas offline apropiadas, puede generar, acelerar o escalar procesos y resultados de forma sin precedente.

Creo que las comunidades de datos abiertos y tecnologías cívicas ganarán más respeto de otras comunidades, como la de donantes, si reconocen sus limitaciones y cambian su discurso por “poderosa herramienta, que combinada con ciertas condiciones y factores externos, puede llevar a cabo logros relevantes”.

Estos factores externos son múltiples, varían en cada caso y en general los actores de ese campo no tienen poder para producir cambios profundos sobre los mismos. Cito algunos:

  1. El ciudadano común (tratado como protagonista en ese campo), tiene muchas limitaciones para participar: falta de capacidad, tiempo, interés, creencia en el proceso de influencia de las decisiones, etc.;
  2. Quienes toman las  decisiones no tienen la capacidad o habilidad para incorporar las demandas que llegan en los sistemas en los que ellos operan;
  3. La mayor parte de los problemas complejos no pueden resolverse solamente con datos o tecnología; hace falta conocimiento sobre los aspectos sistémicos de los problemas y, por lo tanto, la participación de los actores que mejor los entienden;
  4. Todavía no existe un modelo de sostenibilidad financiera para los procesos de tecnologías cívicas y datos abiertos, con los pocos casos de éxito siendo fuertemente financiados por donaciones, lo que es insostenible.

El camino entre los datos abiertos y el impacto es largo y arduo, y aún está siendo descubierto. Discutir sobre nuestras limitaciones y posibilidades reales, demuestra madurez y puede generar las condiciones para acelerar los procesos que necesitan ser vividos antes que el campo pueda cumplir con todas sus promesas.

PD: me considero una persona cautelosamente optimista y ligeramente obsesiva con que iniciativas tengan impacto social.

Márcio Vasconcelos Pinto es consultor especialista en el Marcio Vasconcelosuso de datos abiertos y tecnologías cívicas para el cambio social y gobierno abierto. Trabajó 8 años en la Fundación Avina, donde ayudó a crear y coordinar un fondo (www.appcivico.net) que ha invertido en 21 aplicaciones y plataformas cívicas. Representante de la sociedad civil de América Latina en el comité ejecutivo del grupo de trabajo de datos abiertos de la alianza de gobierno abierto. Jurado de concursos de aplicaciones cívicas y hackatones, ha charlado en eventos especializados de tecnología cívica y datos abiertos. Actualmente es consultor de la Fundación Avina, de Porticus América Latina y consejero del marketplace de aplicaciones cívicas (www.appcivico.com).

English version

To moderate our speech is our best bet!

Despite the huge excitement in nowadays momentum – with the prominent launch of the International Open Data Charter, the AbreLatam and ConDatos communities’ consolidation, the OGP summit in Mexico, the strong connection between the new Sustainable Development Goals and the “Data Revolution” movement, among others – I have maintained in these past few months a certain concern on what I consider an excessive optimism and idealism in the speech about the potential of open data and civic technologies.

Many documents and speeches have stated that open data, open government and civic technologies are capable of what would seem almost magical accomplishments, given the complexity of the topics they approach, and the reality that surrounds us. It is not rare to read the words “revolution”, and see anecdotic success stories showcased as already having an impact, all of which is questioned in most of the research done in this field of action.

I remember this famous cartoon all the time – one that shows that between 2 steps –in this case open data and impact– “a miracle occurs”.

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I sincerely believe that we have to be much more explicit in how open data and civic tech can truly make an impact.

I fear that, if we keep our current line of speech, we will soon receive hard demands, , withouth deliverables to present. This could lead to this field falling in discredit, and ultimately postponing the fulfillment of its potential.

In my view, civic tech and open data, as a tool to foster complex social changes, is usually insufficient in itself. However, combined with appropriate offline actions and partnerships, it can generate, accelerate, or escalate processes and results in an unprecedented manner.

I believe that open data and civic tech communities will gain more respect from other communities, including donors, if they recognize their limitations and change their speech towards “a powerful tool, that combined with certain conditions and external factors can produce relevant achievements”.

These external factors are multiple, vary in each case and normally the actors of the field don’t have the power to affect them profoundly. Here are some of them:

  1. Citizens (considered as protagonists in this field) have many limitations to participate: lack of capacities, time, interest, belief in the process of influencing decisions, etc.;
  2. The decision makers don’t have the capacity or possibility to incorporate demands received in the systems in which they operate;
  3. Most of these complex problems cannot be solved only with data or technology, therefore there is a lack of knowledge on systemic aspects of these problems and, in consequence, a lack of participation by the actors that understand them most;
  4. There isn’t yet a financial sustainability model for these processes, and the few success stories were heavily funded by grants, which is unsustainable.The path between open data and impact is long and hard, and it is still being discovered. Discussing its limitations and real possibilities, shows maturity and can generate the conditions to accelerate the processes that need to be lived before the field can fulfill all its promisses.PS: I consider myself a cautiously optimistic person, and lightly “obsessive” that initiatives actually achieve social impact.
 

Marcio VasconcelosMarcio Vasconcelos Pinto is a consultant expert in the use of open data and civic tech for social change and open government. He worked 8 years in the Avina Foundation, where he helped to create and coordinate a Fund (www.appcivico.net) that has invested in 21 civic tech apps and platforms. He is Latin America civil society representative in the steering committee in the Open Government Partnership´s open data workgroup. He has been a judge in civic apps contests and hackathons and has given speeches in specialized events. He is currently a consultant for the Avina Foundation and Porticus Latin America, and a counselor for a civic apps marketplace (www.appcivico.com).